—En la fajita del
libro dice que está basado en hechos reales. Lo que yo te quiero preguntar es
si esto realmente te pasó a vos o estás escribiendo sobre algo que te contaron.
Gabriel sonrió.
—Hola. Gracias por venir. Mirá, respondiendo a tu pregunta, me encantaría
decirte que me lo contaron, pero te estaría mintiendo a conciencia. Y quiero
que te quedes con esto en la cabeza: a conciencia. La novela está basada
en una experiencia que me pasó a mí, eso te lo puedo decir, pero también es
justamente eso: una novela. Y toda novela es una mentira, se basa en una
percepción subjetiva de las cosas, en mis recuerdos, en las cosas que observé o
pensé en ciertos momentos, en un lugar probablemente muy parecido al que se
describe ahí. Pero para hacer que fuera esa novela tuve que dejar que esa parte
mía se transformara en ficción. ¿Se entiende?
—La verdad, mucho no —dijo la gorda.
—A ver… ¿cuántos de los acá presentes se acuerdan de su primera novia o primer
novio? A ver… levanten la mano —contó algunas pocas que se alzaron
modestamente—. Bien. A ver, hagamos un ejercicio. Quiero que cada uno de los
que levantaron la mano piense en esa persona, la primera novia, el primer
novio. Que se concentren en alguna imagen que les haya quedado de esa persona.
Bueno, a ver. Vamos. Silencio todo el mundo por quince segundos.
Pasaron diez.
—Bueno, ahora, todos los que me hicieron caso… quiero que piensen en esto:
¿podrían ser fieles a esa imagen, a esa primera imagen que se forma antes de
que la pongan en perspectiva? ¿Podrían contarme algo que me haga entender a mí
por qué se enamoraron, qué vieron en esa persona, qué fue lo que se perdió
después? Seguramente podrían contarme que ella era rubia, que él era alto, que
tenía ojos grandes. Podrían decir que era alegre, melancólica o inteligente.
Por ahí pueden rescatar alguna anécdota particular. Y por el fenómeno de la
transmisión por la palabra, yo me voy a hacer mi propia idea de cómo era esa
persona, probablemente si me contaste que era rubia voy a pensar en alguna
rubia que yo conozco o haya visto al pasar cuando venía, y si me contaste que
se conocieron en un tren yo me voy a imaginar el tren que me tomo yo aunque me
digas específicamente que es otro, y cuando me cuentes que bailaron un lento yo
voy a pensar en los lentos que bailé yo, ya sea con mi primera novia o quien
sea. Pero el problema no es ese. El problema es que para ustedes mismos, ese
recuerdo es una recreación, y probablemente incluso una creación. Hay estudios
científicos que demuestran que el cerebro, con el tiempo, manipula los
recuerdos para ajustarlos a lo que nuestro ego necesita. La memoria es
acomodaticia. Así que… volviendo a la pregunta original, yo mismo no estoy
seguro de saber bien qué fue exactamente lo que pasó —mintió.
—¿Qué pasó con la chica? —preguntó un hombre mayor de bigotes y traje.
—Queda claro en la novela: se va con el narrador.
—No, pero digo, ¿después?
—Hay una razón, disculpe, ¿cómo se llama?
El hombre pareció dudar por un momento, luego dijo su nombre.
—Bien. Hay una razón, Raúl, por la que la novela termina donde termina. Lo que
haya pasado después, queda librado a la imaginación de cada uno.
—O bien, a una secuela —intercedió Alberto, bromeando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario