sábado, 18 de enero de 2014

diario de los días que NO #3.2





Tenés que escucharte esto, papá, dice mientras te pasa el aparatito. Lo enchufás al USB frontal. Aparece la discografía completa de Morrison solista, que tenés escuchada pero no de forma exhaustiva.
            Buscá, buscá el del año ’96, te dice Andy, con los ojos grises como platos. Le hacés caso y pasás carpetas tituladas Alone at Last, I Ching and a Disco Beat, Live from Mount Venus ’86, Primal Prostitute, y finalmente, sí, año 1996, Songs From the Tomb. Clickeás dos veces y ponés a reproducir en el WinAmp.
            Estuve escuchando los arreglos de John Lissauer para este disco y fijate que tiene detalles étnicos que son mortales, sigue Andy mientras se sienta en la silla de lona. Es más sutil, pero fijate las percusiones… vas a ver que tienen algo de «My Wild Love». ¡Y los órganos que mete Manzarek en el segundo track! ¡Mirá, ponelo!
            El entusiasmo de Andy siempre tiene ese detalle molesto: nunca se puede escuchar una canción entera, apenas poner algo ya se acuerda de otro tema que le fascina, que le urge escuchar y te pide que lo pongas, para, treinta segundos después, repetir la secuencia. Sin embargo, ahora llegan a escuchar los seis minutos enteros de «Reverence Inconclusive». Vos te dejas llevar por la voz del Rey Lagarto, y podrías escuchar entero ese disco moroso y denso que te habías perdido por aburrirte pronto del coqueteo del cantante con la música tecno a principio de los ‘80, pero a Andy le interesan solamente los dos temas en los que Ray aparece como invitado. En La Plata habían ido a ver varias veces a Los Puertos, un dúo que hacía covers de los Doors en arreglo para guitarras criollas. Solían abrir con la intro más esperable, «Spanish Caravan», pero los momentos realmente intensos llegaban, en tu opinión, con las reversiones de «The Soft Parade», «Estranged Days», «Queen of the Highway», «The Crystal Ship», «Ouroboros» y el cierre virtuoso con «When the Music’s Over». Charlando de la época de oro de los Doors, generalmente vos abogabas por lo publicado entre 1967 y 1971, es decir, hasta el apabullante L.A. Woman. Luego, el Orange County Suite de 1972 te resultaba opaco, te parecía que la voz de Morrison había perdido todo rastro de ferocidad. Pero los guitarristas de Los Puertos se deliraban con lo que había dado en llamarse la trilogía tardía de la banda. Según Felipe —el verdadero virtuoso del dúo— All Hail the Pathos King y Celebration of the Lizard habían sido el cierre perfecto de la década del ’70 y era lógico que se hubieran separado luego.



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