Me
acuerdo de vos, hijo. Me acuerdo de vos caminando agarrado de la pared en la
casa de Mario, mientras todos cenábamos y nadie te prestaba atención: habías
decidido dar tus primeros pasos, y yo, que como siempre, estaba, pero estaba
ausente, pude verte, pude mirar tus pasitos inaugurales en el momento preciso y
probablemente nadie lo hubiera sabido si no hubieran visto mi sonrisa triste y
callada. ¿Por qué una sonrisa triste? Porque estaba feliz en ese momento,
Martín. Siempre me produjo una pena asombrosa el refilón de cualquier asomo de
felicidad: la felicidad siempre se está yendo, siempre es un momento, una
percepción, un instante de algo impalpable y luego ya. Se fue, no está, sólo
queda el recuerdo, la foto para el álbum, el dibujo de la memoria.

La foto para el álbum, el dibujo de la memoria....sí.
ResponderEliminarLindo texto, Juan.
Te admiro.