Sus
dedos rozaban las cuerdas como si estuviera acariciándolas, pero lograba un
sonido voluptuoso y valvular. Nuestras voces habían perdido toda posibilidad de
armonizar y yo cambié el riff por acordes básicos mientras sentía que la
electricidad llegaba desde las cuerdas de la guitarra y me imbuía
completamente. La miré a los ojos para disimular mi interés por su escote, que
ahora quedaba expuesto por la posición que había adoptado con el instrumento.
Sus tetas pulsaban, y mi erección latía mientras la cabeza me hervía a ritmo de
beat box. Y fue tan simple como que ella me mirara sonriente, cuando yo ya ni
intentaba seguir con mi parte, con una expresión entre cómplice y altanera,
para que decidiera dejar la guitarra a un lado y me levantara como impulsado por
un resorte. Me acerqué y puse una mano sobre las cuatro cuerdas. El bajo muteó,
pero ella seguía moviendo los dedos. Me dedicó un expresión inocente y me
preguntó si necesitaba hacer un parate para retomar. Le dije que sí, que
necesitaba hacer un parate. Dejó el bajo a un costado y ya iba a contestarme
algo cuando atraje su cuerpo hacia mí, de frente y de pie a la vez. Le puse mis
labios sobre los de ella, pero no intenté la pantomima de besarla. Pronto eran
lengüetazos que iban y venían, mientras nos íbamos enredando y formando figuras
que ahora imagino irrepresentables. Tropezamos pero no caíamos. Y luego nos
dejamos caer. La alfombra era incómoda,
pero nadie iba a detenerse en el detalle. Empezamos a franelear desaforados.
Sin querer pateé el bajo, que había quedado haciendo estática, pero ninguno de
los dos se preocupó por la suerte del instrumento: yo apretaba los ojos
hinchados de Lennon y ella me chupaba el cuello. Nos dimos vuelta y ella quedó
boca abajo. Empezó a refregarme el culo como odalisca haciendo cuerpo a tierra
y yo la empujaba a punta de lanza, y estaba ya por decirle de ir a la pieza
cuando me hizo una pregunta que me descolocó completamente. ¿Qué pensás de eso
que hacen, de sacar dos canciones de un mismo molde? Por un momento pensé en
seguir con nuestra batalla medieval, pero en su mirada había un interés genuino
por el tema. No tengo idea de qué estás hablando, Juli. De lo que hace R.E.M.
con los moldes y las canciones, no me digas que no lo notaste. Me dejé caer al
costado y ella se giró para quedar frente a mí. Me dio un beso suave en la boca
y siguió. ¿Viste que tienen varias canciones que son reescrituras de otras
anteriores? Asentí sin pensar, todo mi cuerpo pedía a gritos que la cuestión
terminara rápido. Dale, nene, dejá de pensar en mis tetas, me dijo, sonriendo
cómplice. Me arrancó una carcajada. Nos abrazamos y ya más tranquilos retomó:
¿No viste que «Bang and Blame» es una reescritura de «Losing My Religion»? Lo
mismo pasa con «Bad Day» y ese del fin del mundo, no me acuerdo el título.
Intenté concentrarme y aclarar las ideas y así empecé a entender la asociación.
Otra, agregó: «Turn You Inside-Out» y «Finest Worksong». Ese último ejemplo me
resultó claro, en realidad las dos canciones eran prácticamente iguales. Tuve
ese subidón del descubrimiento. ¿Y «Orange Crush» no tiene algo de eso con «The
One I Love»?, pregunté. Ella sonrió, lo pensó un momento y asintió con la
cabeza. Su expresión se volvió más juguetona mientras repetía como un mantra
con melodía I could turn you inside out.
Recién un momento después vi que había desabrochado mi bragueta y pronto salió
de mi campo visual para darme vuelta con una succión como nunca había sentido
en mi vida.

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