Tenés
que escucharte esto, papá, dice mientras te pasa el aparatito. Lo enchufás al
USB frontal. Aparece la discografía completa de Morrison solista, que tenés
escuchada pero no de forma exhaustiva.
Buscá, buscá el del año ’96, te dice
Andy, con los ojos grises como platos. Le
hacés caso y pasás carpetas tituladas Alone
at Last, I Ching and a Disco Beat,
Live from Mount Venus ’86, Primal Prostitute, y finalmente, sí, año
1996, Songs From the Tomb. Clickeás
dos veces y ponés a reproducir en el WinAmp.
Estuve escuchando los arreglos de
John Lissauer para este disco y fijate que tiene detalles étnicos que son
mortales, sigue Andy mientras se sienta en la silla de lona. Es más sutil, pero
fijate las percusiones… vas a ver que tienen algo de «My Wild Love». ¡Y los
órganos que mete Manzarek en el segundo track! ¡Mirá, ponelo!
El entusiasmo de Andy siempre tiene
ese detalle molesto: nunca se puede escuchar una canción entera, apenas poner
algo ya se acuerda de otro tema que le fascina, que le urge escuchar y te pide
que lo pongas, para, treinta segundos después, repetir la secuencia. Sin embargo,
ahora llegan a escuchar los seis minutos enteros de «Reverence Inconclusive».
Vos te dejas llevar por la voz del Rey Lagarto, y podrías escuchar entero ese
disco moroso y denso que te habías perdido por aburrirte pronto del coqueteo
del cantante con la música tecno a principio de los ‘80, pero a Andy le
interesan solamente los dos temas en los que Ray aparece como invitado. En La
Plata habían ido a ver varias veces a Los Puertos, un dúo que hacía covers de
los Doors en arreglo para guitarras criollas. Solían abrir con la intro más
esperable, «Spanish Caravan», pero los momentos realmente intensos llegaban, en
tu opinión, con las reversiones de «The Soft Parade», «Estranged Days», «Queen
of the Highway», «The Crystal Ship», «Ouroboros» y el cierre virtuoso con «When
the Music’s Over». Charlando de la época de oro de los Doors, generalmente vos
abogabas por lo publicado entre 1967 y 1971, es decir, hasta el apabullante L.A. Woman. Luego, el Orange County Suite de 1972 te resultaba
opaco, te parecía que la voz de Morrison había perdido todo rastro de
ferocidad. Pero los guitarristas de Los Puertos se deliraban con lo que había
dado en llamarse la trilogía tardía
de la banda. Según Felipe —el verdadero virtuoso del dúo— All Hail the Pathos King y Celebration
of the Lizard habían sido el cierre perfecto de la década del ’70 y era
lógico que se hubieran separado luego.

